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Desde que tiene memoria, ha sido así. Se cuenta cuentos para pasar el rato, para antes de dormir, para vivir. No sólo se narra lo que ya pasó sino que traza en su mente nuevas perspectivas de lo que puede ocurrir. Entrelaza el pasado con el futuro, haciendo de ello su presente. Puede estar aquí, enfrente de ustedes, pero en su mente ella está en otro lado.
Desde que tiene memoria, ha sido así, una tejedora de historias que dibuja con el pincel de las palabras las posibilidades imposibles. Con ello se consuela cuando tiene roto el corazón, se anima cuando la esperanza está en la distancia o se explica las cosas cuando ya acaecieron y les busca sentido.
Es a través de las narraciones que la vida cobra sentido. Todo fuera de la narración es algo vago y gris, que una vez coloreado por la vida de las palabras empieza a danzar enfrente de ella. Ha vivido más de mil vidas en su cabeza, aunque realmente sea tan sólo una chica más.
Y ahora va por la vida contándose cuentos antes de dormir. Cuentos que la consuelan y le dan ánimo. Cuentos que la ayudan a seguir con una bella sonrisa. Sí, es una tejedora de historias, pero sus historias quieren ver la luz. Por eso ahora también las está escribiendo. Escribir es darle cuerpo al alma de las ideas. ¿Y ahora? Creará su propio Frankestein, un cuerpo remendado de esperanzas, ilusiones, letras y sueños. ¿Qué va a surgir? Sólo el tiempo lo dirá.
Nerea. 28 de junio, 2013.

Escribir es la única actividad que realizo de manera constante. Bueno, y también leer. Todo lo demás va y viene. Uso lentes porque de pequeña me enfrascaba con tal pasión en mis lecturas que acababa leyendo en la penumbra. Siempre pensaba “Llego al punto y prendo la luz”. Pero el punto se convertía en párrafo, el párrafo en hoja y la hoja en capítulo. Mi mamá me repetía siempre “No leas con tan mala luz”. No le hacía caso.

Las palabras alimentaban mi imaginación y mi imaginación, a su vez, vaciaba las plumas sobre cientos de hojas blancas. Aun en medio de mis clases o a la mitad de la noche las ideas me atacaban, haciendo necesario el escupirlas sobre papel sin importar nada más. Sé que una idea que llega en cierto momento jamás regresa exactamente tal cual llegó. Podemos masticarla, transformarla, pero nunca recuperarla una vez que se la ha otorgado un segundo de ventaja.

Con el tiempo ha perfeccionado mi estilo. Confieso que se descubre la influencia de mis lecturas –inevitable– y que se vislumbra mi vida entera en cada letra que trazo, mas siento que sólo así las persona pueden conocerme tal cual soy. Es arriesgado plasmarme directa o indirectamente en papel porque me expongo a la crítica, a ser destrozada. Pero si quiero alcanzar esa meta planteada desde niña (ser una gran escritora) debo jugármela. La realidad empieza con los sueños: la realidad en que uno vive depende de si lucha por alcanzarlos o ni siquiera lo intenta. Éste es mi sueño, publicar mis escritos. No voy a descansar hasta que sea mi realidad.